miércoles, 24 de febrero de 2021

LA MAGIA EN LA VIDA DE JÉSUS



Pues bien, todo eso constituye una secuencia de operaciones mágicas, prohibidas bajo pena de muerte por la religión judía.
En la escena de la Tentación (Mateo, 4; Marcos, 1; Lucas, 4), Jesús es impulsado por el Espíritu a aislarse durante cuarenta días y cuarenta noches, en la cima de un monte al que en nuestros días se denomina el monte de la Cuarentena, y se nos precisa claramente que es para ser tentado allí por el Diablo. Se trata de una prueba iniciática: el operante debe triunfar sobre las fuerzas de Abajo, si quiere obtener el apoyo de las de lo Alto. Este mismo episodio se encuentra en la vida de Buda y de todos los grandes taumaturgos. Después, el triunfador es «asistido por todo el Cielo y obedecido por todo el Infierno», según la conclusión perfectamente conocida por todos los cabalistas.
Pero ¿se había tratado de una evocación, en la cual se llama a una entidad, conjurada por ritos y palabras, y se la obliga a manifestarse, o por el contrario ese retiro de cuarenta días, en la soledad y el ayuno, no preveía explícitamente la aparición, sino que vino de forma inesperada? Ningún texto lo precisa. Por otra parte, hay que considerar como una exageración evidente el hecho de que Jesús hubiera permanecido cuarenta días sin beber, en las terribles soledades del desierto de Judá. Sometido a todas las vicisitudes de la carne, sufrió la flagelación, la crucifixión, y murió, bien a causa de ésta o de la herida de lanza del legionario romano, pero es absolutamente impensable que hubiera resistido, en medio del calor tórrido y de las piedras recalentadas, a semejante deshidratación.
Sea lo que fuere, el encuentro con una «manifestación» del Principio del Mal es el primer hecho mágico importante de la vida de Jesús. Existe todavía un segundo hecho, que generalmente pasa desapercibido: con ese Principio tuvo lugar un segundo encuentro, uno, por lo menos. Y éste se desarrolló inmediatamente antes de su detención, o, todo lo más, unos cuantos días antes.
«Y el Señor dijo: Simón, Simón, Satanás os ha reclamado para ahecharos como el trigo. Pero yo he rogado por ti, para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez te hayas convertido, confirma a tus hermanos...» (Lucas, 22, 31-32.)
La Vulgata de san Jerónimo dice exactamente conversus, que significa transformado, cambiado. ¿Qué puede deducirse de esos frecuentes «contactos» con el Adversario? La segunda gran operación teúrgica tiene lugar en la cima del monte Tabor; se trata de la célebre escena conocida como la de la Transfiguración; la encontraremos relatada con todo detalle en Mateo (17), Marcos (9, 2), Lucas (9, 29), Juan (1, 14), y en la segunda Epístola de Pedro (1,16).
«Seis días después, tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó aparte, a un monte alto. Allí se transfiguró ante ellos, brilló su rostro como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elias hablando con él. Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, levantaré tres tiendas, una para ti, una para Moisés, y otra para Elias..." Aún estaba él hablando, cuando una nube resplandeciente los cubrió. Y he aquí que una voz, procedente de la nube, dijo: "Éste es mi hijo bienamado, en quien tengo mi complacencia, ¡escuchadle!" Cuando oyeron esta voz, los discípulos cayeron sobre su rostro, sobrecogidos de gran temor. Pero Jesús, acercándose a ellos, los tocó y les dijo: "Levantaos, no tengáis miedo..." Alzando ellos los ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús.
»Mientras bajaban de la montaña. Jesús les dio esta orden: "No habléis a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos".» (Mateo, 17,1-9.)
En primer lugar, observaremos que esta evocación apela a dos muertos, ya que Moisés había muerto, en la cumbre del monte Nebo, hacía catorce siglos. Y en cuanto a Elias, éste hacía once siglos que «un carro de fuego y unos caballos de fuego» se lo habían llevado hacia el cielo, ante la estupefacción de su discípulo Elíseo. Si se hubiera tratado de la simple manifestación de su filiación divina, Jesús habría podido llevarla a cabo en Jerusalén, en la habitación más alta de la casa de un amigo. Pero como se trataba de una evocación de los muertos, debía tener lugar en un sitio apartado, en un lugar desértico, próximo al cielo, por dos razones. La primera estribaba en el hecho de que semejantes ritos exigen ser practicados de forma que no se corra el riesgo de ser molestado por la llegada inopinada de profanos. La segunda debido a que, en Israel, no se bromeaba con esas cosas que, de ser descubiertas, implicaban la pena de muerte en virtud de las Escrituras: Deuteronomio (18, 10-11), y Éxodo (12, 35-36). De donde la recomendación de Jesús: «No habléis a nadie de esta visión...» (Ma-teo, 17, 9.)
En cuanto a la finalidad de tal evocación. Lucas es quien nos la revela, al decirnos esto: «Y he aquí que dos varones hablaban con él. Moisés y Elias, que aparecían gloriosos y le hablaban de su partida, que había de cumplirse en Jerusalén..,» (Lucas, 9, 30-31.)
De manera que fue para conocer su destino cercano por lo que convocó a Moisés y Elias, los dos guías esenciales de la historia de Israel. Está establecido el hecho de que todo ello fue acompañado de los sahumerios mágicos habituales con potentes alucinógenos por el delirio y la embriaguez que demuestran sus discípulos, y la incoherencia de las palabras de Simón-Pedro, quien sueña despierto y quiere levantar tiendas para los recién llegados. Porque Lucas, antes, nos dice que «Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño...» (Lucas, 9, 32), y de Pedro que «no sabía lo que decía...» (Lucas, 9, 34.)
En cuanto a la nube luminosa, la explicación es muy sencilla. Si uno se sitúa en la cima de una montaña, en una región con el cielo impecablemente azul, si llega una nube y el observador se halla envuelto por dicha nube, al continuar el sol dando sobre esa montaña, hará de la nube un verdadero difusor de luz, y será tal el contraste, que el observador, sobre todo si va vestido de blanco, parecerá todavía más deslumbrante.
Y llegamos ahora a la última evocación, la que tuvo lugar la noche de la detención de Jesús, en el monte de los Olivos, cerca de Betania, y en el lugar llamado Getsemaní, que designaba un lagar de aceite. Veamos el relato de Lucas: «Tras salir se fue, según costumbre, al monte de los Olivos, y le siguieron también sus discípulos. Una vez llegó allí, les dijo: "Orad, para que no caigáis en tentación..." Se apartó de ellos a una distancia como de un tiro de piedra, y, puesto de rodillas, oraba: "¡Padre! Si quieres, aparta de mí este cáliz... Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Entonces se le apareció un ángel del cielo, para confortarle.» (Lucas, 12,39-4A.)
«Después de haber orado, se levantó, vino hacia los discípulos y, encontrándolos adormilados por la tristeza, les dijo: "¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para que no entréis en tentación".» (Lucas, 22,45.)
Aquí vamos a plantearnos una primera pregunta: ¿cómo puede uno dormirse de tristeza? La angustia y la pena lo que hacen es quitar el sueño. Ese «sueño de tristeza», ese sueño saturniano, está producido ahí, una vez más, por sahumerios, probablemente de Datura stramonium o de beleño, mezclado con gálbano, el helbénáh de los sahumerios del Templo. Porque ahí se trata de una nueva evocación, ahora no interroga a Moisés y a Elias, sino a su padre. ¿Pero a cuál? Lo comprenderemos más tarde. La segunda pregunta es la siguiente: si los discípulos se habían dormido, y si estaba alejado, a la distancia de un tiro de piedra, ¿cómo se conocen los términos de su diálogo con su padre?
No por ellos, puesto que duermen. Tampoco por él, dado que Jesús aún no había terminado de amonestar a sus discípulos, por fin despiertos, cuando los soldados romanos de la Cohorte, los servidores del Templo, armados con espadas y cachiporras, conducidos por Judas Iscariote, su sobrino, llegan a la luz de las antorchas y proceden de inmediato a su detención. Es a través de un personaje, del que sólo nos habla Marcos, por quien conocemos estas cosas, y los detalles son de lo más curiosos: «Y abandonándole, huyeron todos. Un cierto joven le seguía, envuelto en una sábana sobre el cuerpo desnudo. Trataron de apoderarse de él, mas él, dejando la sábana, huyó desnudo...» (Marcos, 14,50-52.)
En primer lugar, nos extrañará el hecho de que en pleno mes de marzo, en Judea, en la cima del monte de los Olivos, se le ocurra a un joven desplazarse con una sábana por todo vestido, todavía de noche, en las horas más frías, tan frías que se encenderá fuego en el atrio de Caifas, algunos instantes más tarde, allí donde Pedro renegará de su Maestro. (Juan, 18,18.)
No se trata de una sábana en el sentido literal de la palabra. El latín de la Vulgata de san Jerónimo, texto oficial de la Iglesia, tampoco emplea el término latino pannus, que significaría paño. Y no se trata de una sábana de cama, dado que en aquella época no se conocían esas cosas. Los judíos se acostaban sobre esteras, al igual que todos los pueblos de esas regiones. Los romanos utilizaban catres, con coberturas de lana o de piel. Los galos utilizaban colchones, y, en el peor de los casos, jergones. Pero no había sábanas de tela, cosa bastante reciente, dado que todavía en nuestra época, en Alemania y en Austria, muchas camas de las zonas rurales acostumbran a llevar sólo una. En realidad, la Vulgata de san Jerónimo utiliza el término latino sindon, que significa exactamente un sudario. Y un sudario no tiene nada en común con las vestiduras rituales que debía llevar un judío de aquellos tiempos. Es este joven el que representa el papel del ángel «venido del cielo para reconfortarle» y que nos narra Lucas (22, 39-44). Y es a través de él como conocemos la plegaria que Jesús dirige a «su padre».
Es el comparsa clásico en todo espectáculo de este tipo; en argot a esto se le llama un «barón». Y comprendemos que toda esta escenografía tiene como finalidad reconfortar, efectivamente, a Jesús en su misión, misión de la que él no ignora que va a conducirle a una muerte horrible, sin esperanza alguna de conseguir liberar a Israel y restablecer la realeza davídica. No ignora que esta misión, desde que se retiró a Fenicia, él la ha trasladado ya a otro «reino», que no es de este mundo. Pero los fanáticos que le rodean no lo escuchan en esta misma sintonía.
Unos habían montado esta superchería para catapultarlo de nuevo a ese mesianismo puramente político y sin esperanzas de éxito. Otro había llegado ya más lejos, y ya lo había denunciado: su propio sobrino, Judas Iscariote, hijo de Simón Pedro. Una vez desaparecido Jesús, la filiación de Israel pasaba a Simón Pedro, y él, Judas, se convertía en el «delfín»... En cuanto a los demás, aprovechando la oscuridad de la noche, la poca luz producida por las antorchas, se fundirían en las tinieblas del monte de los Olivos y emprenderían la huida sin ningún escrúpulo.18
Pero para los judíos de entonces no había duda alguna de que había utilizado las ciencias prohibidas. El rumor de su encuentro con Samael en las soledades del desierto de Judá debió extenderse. Se sabía que había vencido al Príncipe de las Tinieblas. Por lo tanto éste, según la tradición mágica común, era su esclavo, puesto que Jesús lo había domado: «Pero los fariseos replicaban:
"Por medio del Príncipe de los Demonios expulsa a los demonios..."» (Mateo, 9, 34.)
«Y se extendió el rumor de que tenía un Espíritu impuro (se sobreentiende que a su "disposición")...» (Marcos, 3,30.)
En el episodio de la mujer adúltera parece utilizar un procedimiento mágico, bien de adivinación o bien de purificación:
«Jesús, inclinándose, escribía con su dedo en la tierra. Como ellos insistieran en preguntarle, él, incorporándose, les dijo: "El que de vosotros esté sin pecado, arrójele la piedra el primero..." (se sobreentendía que la piedra de la lapidación, castigo que se aplicaba a las mujeres adúlteras según la ley).» (Juan, 8,6-7.)
Aquí se trataba, probablemente, de una consulta geomántica. Todavía en nuestra época, en Marruecos, Túnez y todo el Próximo Oriente algunos adivinos practican consultas mediante el procedimiento adivinatorio denominado Darb-el-remel, o «arte de la arena». Con ayuda de puntos o de rayas trazados sobre la arena se obtienen figuras con valor de oráculo, cuyo número es invariablemente de dieciséis, y que dan la respuesta a la pregunta formulada.
Podía haberse tratado también de un procedimiento de «desprendimiento» psíquico particular. Se trazan sobre la arena o la tierra determinados diagramas mágicos, se hace pasar al sujeto en cuestión por encima, y éste se encuentra liberado, ya que el espíritu malo, autor del mal, no puede soportar el paso por encima de los caracteres sagrados.
Éste es, asimismo, el origen de los tatuajes protectores. La indulgencia de Jesús hacia las mujeres adúlteras o las prostitutas viene justificada por la presencia de varias de ellas en su genealogía ancestral. En primer lugar está Tamar, quien en el Génesis (38, 12 a 19) se prostituye a su suegro en una encrucijada de caminos, sin que él la reconozca, para conseguir casarse después. Luego está Rahab, la prostituta oficial de Jericó, que oculta a los espías enviados por Josué, antes de la destrucción de la ciudad, y por eso salva su vida (Josué, 2, 1 y ss.; 6, 17 y ss.); después se casa con Salmón, hijo de Naasón, príncipe de Judá, y será madre de Booz (Mateo, 1, 5). Tenemos a continuación a Ruth, esposa de Majalón, y luego mujer de Booz; ésta era de origen moabita, raza originada por el incesto entre Lot, borracho, y sus dos hijas, origen que hubiera debido prohibir a Ruth el acceso a una familia judía tradicionalista. (Ruth, 1, 4 y ss.; 2, 2 y ss.; 3, 9 y ss.; 4, 5 y ss., y Mateo, 1, 5.) Está, por último, Betsabé, mujer de Urías, oficial de David, a quien este rey mandará asesinar para conservar a la esposa de aquél, de quien ha hecho su amante, sin que ésta proteste. De dicho adulterio nacerá Salomón (II Samuel, 11, y Mateo, 1,6). En fin, parece sobreentenderse que Jesús, al igual que sus discípulos, no pudo tampoco curar a todos cuantos tenían relación con él: «Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a él una mujer con un frasco de alabastro...» (Mateo, 26, 6.)
Pues bien, se trataba de la casa de su amigo Lázaro, hermano de Marta y María, quienes le ofrecían invariablemente hospitalidad cuando él se encontraba en Jerusalén.19 Y dicho Simón seguía estando leproso.
El episodio de la evocación de Moisés y Elias en la cima del monte Tabor es la encrucijada del destino de Jesús. Hasta ese momento había sido, después de su padre, Judas de Gamala, el pretendiente legítimo a la realeza davídica. Sus discípulos, sus amigos, sus hermanos «carnales», le llaman señor (adonai) a veces, porque es su señor. En aquella época, y durante siglos, ese término reemplazaba en todos los estados del Próximo Oriente al «sire» medieval europeo. En público, la esposa del rey le llamaba a éste «mi querido señor» o «sire». Pero después de esa extraña ceremonia, efectuada con Pedro, Santiago y Juan (serán los mismos que le acompañarán en la de Getsemaní), ya no será el mismo. Habrá comprendido, él solo, que el mesianismo político, terrestre, no tiene esperanza. La Providencia tiene previstas otras cosas para el mundo, más importantes que el restablecimiento de los descendientes de David en el trono de un Estado minúsculo. Y es que de esa evocación algo subsiste en él, una entidad muy elevada ha tomado posesión de él, y a partir de ahora se servirá de él para remodelar el mundo. Para él, esta entidad se llama Elias. ¿Qué hay de asombroso en ello? Tan sólo conoce su propia mitología nacional. Para las legiones, que marchaban en cabeza de sus ejércitos, esa entidad tenía ya, desde hacía siglos, otro nombre: Mithra. De ese fenómeno de «posesión» psíquica, Jesús es perfectamente consciente. De ahí la frase, teñida de desengaño, que dirige a Simón el Zelota, su hermano «según la carne», y su sucesor legítimo, por orden de primogenitura, cuando él. Jesús, haya desaparecido: «En verdad te digo: cuando eras joven te ceñías e ibas a donde tú quenas. Pero cuando seas viejo, extenderás tus manos, otro te ceñirá y te llevará a donde tu no quieras...» (Juan, 21, 18.) Y en el Gólgota, clavado en la cruz de infamia, será otra vez a Elias a quien se dirigirá: «Hacia la hora nona, exclamó Jesús con voz fuerte: "¡Eli, Eli, lama sabachthani!..."» (Mateo, 27,46.) Los escribas anónimos que redactaron los pseudo evangelios no dejan jamás de traducirlo por «¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Mateo, 27, 47.) Pero los judíos que asistieron a la crucifixión y que lo oyeron, no se equivocaron cuando dijeron: «Está llamando a Elias...» (Mateo, 27, 48.)
Algunos exegetas y lingüistas, especialistas en lenguas muertas, consideraron que esta frase era fenicio, y que significaba: «¡Señor! ¡Señor! Las tinieblas... Las tinieblas..-», lo cual tenía explicación, dado que se trataba de un agonizante, cuya vista iba apagándose poco a poco, o que, a causa de un fenómeno mediúmnico suscitado por el último estado, distinguía formas terroríficas, como las descritas por el Libro de los Muertos tibetano, o por el apócrifo Libro de José el Carpintero, y que no serían sino fantasmas interiores, que se liberarían del subconsciente del agonizante. Les dejamos a ellos la responsabilidad de semejante traducción, pues, a nuestro parecer, y tal como pronto vamos a ver, esas últimas palabras de Jesús tenían una significación muy distinta.
16 El doblara es, en Abisinia, un corista de la iglesia que. Además, practica la magia «blanca», porque la negra está severamente reprimida
17 Jesús no debía ayunar mucho, porque él mismo reconoce (Mateo, 11, 19) que tenía la repu-tación de «comedor y bebedor». Y san Jerónimo, en su Vulgata, utiliza el término latino potalor, que traducimos por «beodo».
18 Simón era, efectivamente, hermano de Jesús: «... ¿y no se llaman sus hermanos José, San-tiago. Himún y Judas?...» (Mateo, 13, 55). Por otra parte, Judas Iscariote, es el hijo de Simón: «Uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón...» {Juan. 12, 4). Y los otros textos nos precisan que se trata de «hermanos según la carne». (Pablo, Romanos, 9, 5; Eusebio de Cesárea, Hisioriu eclesiástica, III, XX, 1.) En cuanto a los famosos «treinta denarios», si aparecen ahí es porque fueron introducidos por los falsificadores anónimos que redactaron lospseudo evangelios, para justificar el pasaje de Zacarías (II, 12): «Entonces pesaron treinta sidos de plata para pagarle». Porque si se hubiera puesto precio sobre la cabeza de Jesús, es indudable que la suma habría sido mucho más considerable.
19 Observaremos que Jesús no pasa jamás la noche en la ciudad santa de Israel. Cuando oscurece, hace lo que tenía que hacer, y en seguida se va a dormir a Betania. al pie del monte de los Olivos, por muy cansado que esté. Porque a la puesta del sol se cierran tas puertas de Jerusalén, mientras que el pueblo de Betania no tiene puertas. Y en las nocturnas tinieblas de las calles no iluminadas, cuando las puertas están cerradas y vigiladas, Jerusalén se conviene en una ratonera. Y cuando la situación se agrava, ya no va a dormir a Betania, sino a Getse-maní, el lugar antes citado, que se halla en el monte de los Olivos, y en el que hay una prensa de aceitunas. De donde la frase de Mateo (8, 20) y de Lucas (9, 58).
Tomado de: Jesús o el Secreto Mortal de los Templarios – Robert Ambelain.

jueves, 16 de abril de 2020

El Bien ó el Mal


Dice Osho:


No hay nada como bien o mal. Eso depende. Depende del punto de vista. No hay nada muy sólido sobre lo que uno pueda decidir que «esto está bien y esto mal». La misma cosa puede estar bien para una persona y mal para otra, porque, más o menos, depende de la persona. La misma cosa puede estar bien en un momento para una persona, y en otro momento estar mal, porque depende de la situación. Se os han enseñado categorías aristotélicas. Esto está bien y esto está mal. Esto es blanco y esto negro. Este es Dios y este el diablo. Estas cate­gorías son falsas. La vida no se divide en blanco y negro. Una gran par­cela es gris. Y si lo analizáis profundamente, el blanco es un extremo del gris y el negro es otro, pero el espacio comprendido entre los dos es gris. La rea­lidad es más gris. Así debe ser porque en ningún sitio está dividida. No hay compartimentos estancos en ninguna parte. Esa es una manera tonta de poner categorías, pero se ha implantado en nuestra mente. De modo que bien o mal no paran de cambiar. Entonces, ¿qué hacer? Si alguien quiere decidir absolutamente, se quedará paralizado, no será capaz de actuar. Si queréis eso y actuáis solo cuando tenéis una deci­sión absoluta sobre lo que está bien, estaréis paralizados. No seréis capa­ces de actuar en la vida. Uno debe actuar y actuar, en un mundo relativo. No existe una decisión absoluta, así que no la esperéis. Simplemente mirad y observad, y lo que sintáis que está bien, hacedlo.

jueves, 2 de abril de 2020

EL MAL










Escucha con atención!
Lo que es malo aquí abajo...
...es bueno allá arriba.
Todo está ahí.

¿QUÉ ES EL MAL?

El mal (como lo opuesto al bien) es una paradoja para la religión, ya que si Dios es todo amor, todo bien, y si Dios es omnipresente:

¿Cómo puede entonces existir el mal?

En el esoterismo hay interesantes reflexiones al respecto:
el mal es una ilusión,
el mal es creado por los hombres,
el mal es el lado destructor de Dios,
el mal es el bien que no está en su lugar.

EL MAL ES UNA ILUSIÓN

A nivel divino, el bien y el mal no existen. Lo que existe es la
REALIDAD.
La cual está regida por leyes. Cuando una persona actúa mal, está viviendo en la ilusión.

El Mahatma Kuthumi dice:

- “El mal no tiene existencia per se [por si mismo]. . . La Naturaleza está desprovista de bondad o de malicia; ella solo sigue leyes inmutables.”
(CM10, p56)
- “Los mejores Adeptos han escudriñado el Universo durante milenios y no han encontrado en parte alguna el más mínimo rastro de un intrigante tan maquiavélico [el Mal] – sino la misma ley inmutable e inexorable por todas partes [ej. El karma].”
(Cartas Mahatma 22, p. 142-143)
EL MAL ES CREADO POR LOS HOMBRES

A nivel físico la materia no es capaz ni de bien ni de mal, ya que su característica es la inercia. Son los hombres los que crean el bien y el mal.

“La ambición, el deseo de asegurar la felicidad y la comodidad de aquellos que amamos, obteniendo honores y riquezas, son sentimientos naturales loables, pero cuando estos transforman al hombre en un tirano ambicioso y cruel, en un avaro, en un ególatra egoísta, traen sufrimiento indecible a los que están a su alrededor; tanto a las naciones como a los individuos.

Todo esto entonces – el alimento, la riqueza, la ambición y mil otras cosas más que tenemos que dejar de mencionar, se convierten en el origen y causa del mal, sea por su abundancia o por su ausencia. Conviértete en un glotón, un libertino, un tirano, y serás el causante de enfermedades, de sufrimientos humanos y de miseria. Carece de todo esto y te morirás de hambre. . . Por lo tanto no es a la naturaleza o a una Deidad imaginaria a la que hay que culpar, sino a la condición humana envilecida por el egoísmo”. (CM10, p57)

EL MAL ES EL LADO DESTRUCTOR DE DIOS

Nada en la creación manifestada es permanente. Cada cierto ciclo las formas son destruidas para dar paso después a la aparición de nuevas formas.

Es así que en el hinduismo, Dios es triple en su naturaleza:
Brahma (el creador),
Vishnú (el preservador),
Shiva (el destructor).
EL MAL ES EL BIEN QUE NO ESTÁ EN SU LUGAR

Es particularmente interesante lo que dice el libro La Respuesta del Ángel al respecto:

- Les hablo sobre la cuna de la alegría.
Odio, fuego, veneno, eso es la cuna de la alegría.
El mundo creado es SU cuerpo.
¿El mal puede existir en ÉL?

La bilis es también una fuente de alegría,
sin embargo, es un veneno.
(La bilis es un ácido que puede destruir las paredes orgánicas, pero que sirve al proceso digestivo transformando los alimentos).

En tu cuerpo, hay fuego que no destruye,
veneno que no mata. ¿Cómo es esto posible?
Todo es bueno en el PLAN.
Su misterio, compréndanlo bien –
es la TRANSFORMACIÓN.
EL HOMBRE ES EL GRAN TRANSFORMADOR.
El mal es el "más", . . .
La fuerza no transformada,
la fuerza no utilizada destruye, devasta, envenena.

¡Escucha con atención!
Lo que es malo aquí abajo...
...es bueno allá arriba.
Todo está ahí.

Las fuerzas destructivas no están en su lugar.
Es por eso que destruyen.
No hay destrucción si las elevas.
Del veneno - la cura.
Del fuego - la luz. . . .
De todo el mal que puedas imaginar,
nacerá la Nueva Jerusalén.

PORQUE NO HAY MAL,
SOLO HAY LA TAREA QUE NO ES RECONOCIDA. . . .
¡En vano huyen del mal!
No hay mal –
¡Eterna pregunta del hombre! –
y nadie lo sabe.

Yo os lo declaro:
EL MAL ES EL BIEN EN FORMACIÓN,
PERO TODAVÍA NO LISTO. . . .

Ahí donde hay desorden, el "más" fluye.
La bilis es un veneno si se desborda.
Allí, el "más" inundando devasta todo.
Si el "más" no tiene salida, se busca un camino,
y lo que es – hacia arriba – Nuevo Mundo
es – hacia abajo – veneno. . . .
La ira es fuerza destructiva, –
hacia arriba, es Aleluya. . . .

Asegúrate solo en eso,
y todas las enfermedades, todas las desdichas,
todo el mal cesarán.

lunes, 26 de octubre de 2015

Astro matutino










<<¿Cómo has caído del cielo


astro matutino, hijo de la aurora,


y fuiste arrojado a tierra,


tú que pisoteabas a las naciones?


Pues tú dijiste en tu corazón:


Al cielo subiré,


por encima de las estrellas de Dios


elevaré mi trono


me sentaré en el monte de la Asamblea,


en lo más recóndito del septentrión;


escalaré las alturas de las nubes,


me igualaré al Altísimo.


Por el contrario, al seol has sido precipitado,


al hondón de la fosa.>>


(Isaías (XIV, 12-15))

martes, 24 de febrero de 2015

Cuentos Infantiles ?












Aunque no lo creas, esos hermosos cuentos que Disney y los que tus padres solían contarte de niño tuvieron unos comienzos mucho más oscuros de lo que imaginas. En realidad, nada tienen que ver las terribles y tristes historias de los hermanos Grimm, por ejemplo, con las modernas versiones carentes de violencia. Aquí puedes ver los perturbadores orígenes de algunos cuentos de hadas que te dejarán sin palabras.


La Bella Durmiente


En la versión de 1624 la Bella Durmiente no se pincha el dedo con una rueca, sino que le queda una astilla atrapada bajo la uña. Su padre la deja en una cama y el príncipe, nada tierno ni dulce, la viola mientras duerme. Tiempo después, mientras aún está inconsciente, da a luz a dos niños. Uno de ellos quita la astilla sin querer mientras juega con su madre y ella despierta. El príncipe ya está casado, pero no duda en prender fuego a su esposa que intentó asesinar a los niños, para quedarse con la chica.


Caperucita Roja


A diferencia de otras versiones, los hermanos Grimm la hicieron mucho más infantil. En la versión anterior no había un cazador que salvara a Caperucita Roja, sino que ella simplemente era comida por el lobo. La connotación sexual es clara, y el lobo en vez de ser una bestia salvaje la seduce gentilmente hasta que ella misma se mete en la cama.


La Cenicienta

En la versión de los hermanos Grimm las dos hermanastras deben cortarse los talones para que el zapato les quede, pero la sangre las delata. Al final ambas tienen un destino cruel: les arrancan los ojos las palomas.


Blancanieves


En la versión del siglo XIX la bruja es en realidad la madre de Blancanieves y no su madrastra, como Disney nos mostró. Además, cuando el príncipe encuentra la chica, ella no está dormida, sino muerta. Cuando la bruja llega a la boda de ambos es obligada a ponerse zapatos de hierro que estuvieron quemándose por mucho tiempo, y bailar hasta caer muerta.


Rapunzel


En la versión de los hermanos Grimm, Rapunzel deja caer su pelo para que suba el príncipe, lo que hace que pronto quede embarazada. Cuando la bruja se da cuenta que tendrá competencia le corta el pelo y la envía a una tierra lejana dónde vive como mendiga. El príncipe es engañado por la bruja para subir la ventana desde donde lo tira haciendo que las ramas de un árbol le saquen los ojos.


La Sirenita


En el cuento de Hans Christian Andersen ella cambia la lengua por unas piernas, pero cada paso es tan doloroso como cuchillos clavándose en la carne. Si el príncipe se casa con otra, ella morirá al día siguiente. Pese al dolor ella baila para conquistarlo, aunque él decide casarse con alguien más. Sus hermanas compran una daga para que mate al príncipe y deje la sangre caer en sus piernas, método para volver a ser sirena. No puede hacerlo y entonces muere, convirtiéndose en espuma marina. Nada parecido a Disney, ¿no es cierto?


El flautista de Hamelin


En la versión original el flautista salva al pueblo de las ratas y los pobladores deciden no pagarle lo prometido, así que él arrastra con su música a los niños. El problema es que los lleva a un río dónde los obliga a entrar y ahogarse.

miércoles, 26 de marzo de 2014

ISIS, LA MADRE VIUDA !!!


Es una historia complicada. En realidad todas estas historias tienden
a hacerse bastante complicadas. Pero Isis y su marido Osiris eran
mellizos, hijos de la diosa Nut. Y sus parientes más jóvenes eran Seth
y Nephthys, que también eran mellizos hijos de Nut. Una noche, Osiris
durmió con Nephthys, creyendo que era Isis... un despiste, digamos. De
ese error nocturno nació Anubis, el hijo mayor de Osiris, pero de la
esposa que no debía ser. Seth, su marido, se lo tomó mal y planeó
matar a su hermano mayor, Osiris. En secreto tomó las medidas de
Osiris y mandó hacer un hermoso sarcófago en el que cupiera
exactamente. Una noche, cuando los dioses celebraban una animada
fiesta, Seth vino con el sarcófago y declaró que cualquiera que
cupiera exactamente lo tendría como regalo para su tumba. Todos los
presentes probaron y, por supuesto, cuando Osiris entró, el sarcófago
cumplía exactamente su medida. Inmediatamente aparecieron setenta y
dos cómplices que bajaron la tapa, la ataron, y lo arrojaron al Nilo.
Así que lo que tenemos aquí es la muerte de un dios. Y cada vez que se
produce la muerte de un dios, puedes esperar una resurrección.
La muerte de Osiris estaba asociada simbólicamente con las crecidas e
inundaciones anuales del río Nilo, que fertilizaba todos los años la
tierra de Egipto. Era como si la putrefacción del cuerpo de Osiris
fertilizara y vitalizara la tierra.
Osiris fue flotando Nilo abajo hasta ser depositado en una playa, en
Siria. Creció allí un árbol hermoso, de maravilloso perfume, que
incorporó el sarcófago a su tronco. El rey de aquella región acababa
de tener un hijo varón y se disponía a construir un palacio. Y como el
aroma de ese árbol era tan maravilloso, lo hizo cortar y llevar para
hacer el pilar central del salón principal del palacio.
Mientras tanto, la pobre diosa Isis ya Viuda, cuyo marido había sido
arrojado al Nilo, emprendió la búsqueda de su cadáver. Este tema de la
búsqueda de Dios, esposo del alma, constituye un tema mitológico
principal en ese periodo: la Diosa sale en busca de su esposo y amante
perdido y, gracias a la lealtad y a un descenso al reino de la muerte,
se convierte en su redentora.
Isis llega por fin al palacio y se entera de la existencia de la
columna de madera aromática. Sospecha que puede tener algo que ver con
Osiris, y consigue empleo como nodriza del niño recién nacido. Bueno,
deja que el niño le chupe un dedo... después de todo, es una diosa, y
hay un límite a las concesiones que pueden hacerse. Pero se encariña
con el niñito y decide darle la inmortalidad poniéndolo en la chimenea
para quemar su cuerpo mortal. Como diosa, puede impedir que el fuego
lo mate, ya entiendes. Y todas las noches, mientras el niño está en el
fuego, ella se transforma en golondrina y vuela lúgubremente alrededor
de la columna en la que está encerrado su marido.
Una noche aparece la madre del niño en el cuarto donde se desarrolla
esta pequeña escena, ve al niño en la chimenea, suelta un grito, que
quiebra el encanto, y el niño tiene que ser rescatado de la
incineración. La golondrina, en tanto, se ha transformado otra vez en
la bella nodriza y diosa, que explica la situación y le dice a la
reina: «A propósito, es mi esposo el que está ahí, dentro de esa
columna, y le agradecería que me lo dejara llevar a casa». Así que el
rey, que entretanto ha aparecido en escena, dice: "¡Pues claro! Por
supuesto". Hace extraer la columna, se la entrega a Isis, y el hermoso
sarcófago que contiene a Osiris es depositado sobre una barcaza
principesca.
En el camino de vuelta al delta del Nilo, Isis quita la tapa del
ataúd, se acuesta al lado de su marido muerto, y concibe un hijo. Se
trata de un tema que aparece todo el tiempo en las antiguas mitologías
bajo muchas formas simbólicas: de la muerte viene la vida. Cuando la
barcaza toca tierra, la diosa da a luz entre los papiros a su hijo
Horus; y fue la figura de esta madre divina con su hijo concebido de
dios la que dio origen al modelo de la Virgen Madre y viuda. El pájaro
en vuelo, es un símbolo casi universal del espíritu. Con la madre
viuda en tanto ésta concibe mediante el espíritu, sí. Pero aquí nos
encontramos con un pequeño detalle más. El hermano menor, Seth,
celoso, mientras tanto ha usurpado el trono de Osiris. No obstante,
para asumir propiamente el poder, debería casarse con Isis. En la
iconografía egipcia, Isis representa el trono. El faraón se sienta
sobre el trono, que es Isis, como un niño sobre el regazo de su madre.
Por eso, cuando estás delante de la catedral de Charteres, puedes ver
sobre uno de los portales de la fachada oeste una imagen de la Virgen
como el trono sobre el cual se sienta el niño Jesús y bendice al mundo
como su emperador. Es precisamente la imagen que nos ha legado el más
antiguo Egipto. Los primeros padres y los primeros artistas imitaron
deliberadamente estas imágenes.
Las mitologías esotéricas a las que se refieren aquí son las del dios
muerto y resurrecto: Hiram, Cristo, Adonis, Gilgamesh, Osiris, uno
tras otro. La muerte y resurrección del dios está asociada en todas
partes con la luna, que muere y renace todos los meses. Durante dos
noches y tres días está oscura, y por eso tenemos a Cristo dos noches
y tres días en la tumba.
Nadie sabe cuál puede haber sido la fecha real del nacimiento de
Jesús, pero se ha tomado la fecha que era la del solsticio de
invierno, el 25 de diciembre, cuando las noches empiezan a hacerse más
cortas y los días más largos. Es el momento del renacimiento de la
luz. Fue exactamente la fecha de nacimiento del dios persa de la luz,
Mithra, el Sol.
Esto sugiere que hay una idea de muerte del pasado y nacimiento del
futuro en nuestras vidas y en nuestro pensamiento: muerte de la
naturaleza animal y nacimiento de la espiritual. Esos símbolos nos
están hablando en ese sentido.
Por eso Isis ó Balki la madre viuda del Sol puede decir: "Soy la que
es la madre naturaleza, madre de todas las cosas. Señora de todos los
elementos. Dueña de los poderes divinos, reina de todo lo que está en,
el infierno, pero principal entre todos los que habitan el paraíso.
Manifestada sola y bajo una única forma entre todos los dioses y
diosas
El asno de oro, de Apuleyo, siglo II d.C. El asno de oro es una de las
primeras novelas que se han escrito. Su principal personaje, su héroe,
ha sido transformado, por lujuria y magia, en un asno símbolo de la
brutalidad animal, y tiene que superar una ordalía de dolorosas y
humillantes aventuras hasta que su redención le viene por gracia de la
diosa Isis. Ella aparece con una rosa en la mano símbolo del amor
divino, no de la lujuria, y cuando el asno come la rosa recupera su
antigua condición de hombre. Pero ahora es más que hombre, es un
hombre iluminado, un santo. Ha experimentado el segundo nacimiento
virginal, ya sabes. De modo que de la mera carnalidad animal se puede
pasar a una muerte espiritual y renacer. El segundo nacimiento es de
una encarnación exaltada, con forma espiritual.
Y la diosa Madre Viuda es la que produce todo esto. El segundo
nacimiento se lleva a cabo mediante una madre espiritual. Notre Dame
de París, Notre Dame de Chartre . Ahí reside un poder exclusivo 
del principio secreto femenino. También puedes
acceder al renacimiento por intercesión del sexo masculino. Pero
usando este sistema de símbolos, la mujer es la regeneradora.